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Arquitectura: CoolRooms, un palacio en medio de la ciudad (Madrid)

Arquitectura: CoolRooms, un palacio en medio de la ciudad (Madrid)

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CoolRooms Palacio de Atocha, fue inaugurado el día 18 de octubre de 2018, es el buque insignia de CoolRooms, un nuevo concepto de hotel de lujo con 34 amplísimas habitaciones en un palacio rehabilitado de 1852, en pleno Barrio de Las Letras de Madrid. Sus espectaculares habitaciones son la mejor base de operaciones para lanzarse a descubrir la personalidad tan variada de sus zonas vecinas: desde la riqueza multicultural y casita de Lavapiés hasta la energía canalla de Malasaña, la alegría tolerante y desenfadada de Chueca o la agitación estimulante de Huertas, con una de las mejores ofertas de restauración de la ciudad.

Se trata de un proyecto a varias manos que une la rigurosa sensibilidad del estudio de arquitectura Antana, la fluidez estilística en el interiorismo de Proyecto Singular y la precisión poética en el luminario de María Covarrubias. Esta fusión complementaria tiene como resultado un alojamiento con alma de autor, capaz de unir lo confortable con lo estimulante. O dicho de otra forma: el hotel que le faltaba a Madrid.

Cosmopolita y palaciego, CoolRooms Palacio de Atocha dispone de una espectacular entrada vigilada por la figura del dios Hermes en alusión al éxito y triunfo de su antiguo propietario –alto funcionario del Ministerio de Ultramar y caballero de la Orden de Carlos III–; y su paso de carruajes, con techos de 7 metros de altura, conduce en línea recta a un jardín secreto con una alberca. 

Sus habitaciones, alegremente desproporcionadas (entre 34 y 104m2), ofrecen un tamaño único en Madrid, y la luz natural baña su diseño a medio camino entre lo clásico y lo contemporáneo. Remiten a sensaciones palaciegas que han sido declinadas por los interioristas de Proyecto Singular en dos estilos bien diferenciados.

Las habitaciones de la primera planta lucen un carácter más masculino e industrial –tipo loft– y están dotadas de cuartos de baño en microcemento y cerrajerías de hierro en bruto. Las de la segunda planta son más clásicas y sofisticadas, con cuartos de baño que juegan con el negro y el blanco y transmiten una gran sobriedad y elegancia.

Los alojamientos “estrella” de CoolRooms Palacio de Atocha son sin duda sus dos CoolSuites, que además de contar con su propia terraza privada con jacuzzi en el exterior, rinden homenaje a la energía artística de la capital. 

La iluminación del hotel, obra de la diseñadora María Covarrubias, sorprende con una sensibilidad propia del mejor director de fotografía y logra una convivencia armoniosa con la luz exterior que baña el edificio. Un proyecto con momentos estelares como la instalación de luz vertical de la escalera principal, las lámparas azul verdoso integradas en el paisajismo del jardín y hasta las impresionantes lámparas a modo de racimo que cuelgan de los techos altos de sus salones históricos y que generan una luz cálida y acogedora.

El antiguo palacio de 1852 de D. Nemesio Sancha, ha sido testigo del discurrir de las épocas y la aparición del lujo en Madrid, como muestran las columnas de hierro fundido en la planta principal –testimonio de la vanguardia arquitectónica y artística en el momento de su construcción– o la fuente de granito original que recuerda a la llegada del agua corriente al edificio. 

En el interior del hotel se han recreado las estampas de las sucesivas épocas de la ciudad, tanto en el jardín y la alberca como en el paso de carruajes (que hoy acoge la recepción) o en la espléndida e impactante escalera de bien de interés cultural por Patrimonio, donde D. Nemesio Sancha hizo que sus arquitectos reflejaran alusiones a su condición de abogado –empleando decoración con lictores– y sus éxitos en el mundo del comercio llenando todos los espacios con la imagen del dios Hermes enmarcado por ramas de laurel en alusión al éxito y al triunfo. 

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En la Sala Noble, actual Suite de eventos, destaca su techo con molduras de varas de abedul unidas por cintas de cuero dorado. Un motivo que se repite en otros espacios y alude a la condición de jurista de D. Nemesio Sancha. Su preciosa sala contigua es un espacio que se encuentra perfectamente conservado, a falta del mobiliario y los cortinajes, con paredes decoradas por papeles pintados, probablemente procedentes de la Real Fábrica madrileña y considerados bien de interés cultural por Patrimonio. Su frontal de chimenea está realizado en mármol blanco de Carrara y las molduras doradas son una recreación del estilo Luís XVI que se volvió a poner de moda en aquella época, recuperando su gusto sinuoso y cargado de policromías. 

Entre los tesoros que han sobrevivido al paso del tiempo destacan la espectacular fachada principal de la calle Atocha, su majestuoso portón de entrada–que ha sido decapado para recuperar su color original– o el patio del actual bar, con un notable interés por el despiece de fachadas con pies derechos vistos. 

En la rehabilitación del palacio las premisas que se exigieron fueron las de ejecutar una obra con unas calidades y diseño de primer nivel y obviamente, además, ser absolutamente respetuosos con los elementos histórico/arquitectónicos que el edificio ya tenía de por sí, con especial respeto y compromiso al medioambiente con una construcción sostenible. Para ello se recuperaron las fachadas originales del edificio con morteros a la cal de los colores y calidades tales y como se hacían entonces. Respecto a los interiores, también se respetaron todos los elementos dignos de preservar originales del edificio: elementos decorativos del paso de carruajes, primera crujía de planta primera de la calle Atocha, escalera principal del edificio y ritmo de huecos de fachada tanto en la calle Atocha como en todos los patios del edificio. 

También fue requisito indispensable una insonorización óptima del edificio lo cual redundó también en la elección de excelentes materiales y la contribución orientada al bienestar de los huéspedes del hotel. El diseño de las habitaciones vino condicionado por la geometría existente del propio edificio, pero siempre se apostó por un tamaño de habitaciones más grande de lo normal dentro de lo que es la oferta hotelera existente en Madrid. Al tamaño de las habitaciones y a la sensación de grandeza de las mismas también contribuyó las impresionantes alturas entre forjados que ya tenía el edificio original; siempre se trató de conseguir la máxima altura posible optimizando los trazados. Los despieces de baños, molduras de paredes y techos y elementos de iluminación fueron francamente complicados, ya que la geometría de todas las habitaciones es diferente, no hay un patrón repetitivo que simplificara el trabajo. Tanto los interioristas como el equipo de arquitectura de Antana tuvo que hacer un enorme esfuerzo de replanteo de todas y cada una de las estancias del edificio.

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